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LA SANGRE DE DIOS

«Una secta concibió la idea de adelantar el Juicio Final: cuatro virus para exterminar a la humanidad»

 

 

 

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  La sangre de Dios

Primera edición: Septem ediciones, 2005

Género: Ciencia ficción

Páginas: 122

ISBN: 9788495687630

PVP: 18 €

     

 

Capítulo I

 

 

En los fríos vientos de bóreas, bajo la atenta y persistente mirada de una noche imperturbable, rompe los hielos un navío de carga para aproximarse a un punto todavía lejano. Cientos de personas se agolpan en la cubierta creyendo posible la salvación del holocausto. Se acercan y un nutrido grupo se amontona en la rampa de desembarco. Muestran desasosiego y desesperación. Porque sus cuerpos están mutilados y sus rostros desgarrados, empujados, arrastrados por pisar una tierra ahora ansiada, no piensan en lo que encuentran de frente. Los hielos están teñidos de sangre bajo una señal. En ella se pueden leer las palabras Vetitus pasus, enmarcadas en un círculo salpicado por coágulos de familias y razas, de hombres y mujeres de todo el mundo, allí donde la muerte no establece separaciones. A veinte metros, provistos de máscaras de protección, están disponiéndose en formación un contingente armado de militares, muy inferior en número a la masa apresurada, veloz e irreflexiva.

Pisando fuerte sobre los hielos, el oficial Adshiz Tremebant da orden a sus hombres para que se dispongan a abrir fuego. A los cientos de personas que se aproximan les manda detenerse y volver atrás. Pero ellos no piensan más que en la salvación.

—¡Apunten! —les ruega a viva voz que no continúen. El avance lógico no se detiene y el oficial, imposible de acostumbrarse al durísimo deber que se le ha encomendado, toma la decisión desde una razón que, a duras penas, puede subyugar a los sentimientos de repugnancia y dolor. Han hecho caso omiso de las indicaciones y han cruzado la señal—. ¡Fuego!

Varias ráfagas se descargan y los seres humanos que acuden a ellas encuentran una muerte rápida, deshonrosa y solitaria; nadie pudo despedirse. Los que no han sido alcanzados siguen sin frenar su ritmo hasta caer postrados por los pinchazos ardientes. Se hizo el silencio y el oficial ordenó volver a la base.

—¡Qui nadi sentit culpa! Est durus, vero hemos feci lo qui debebamus, perqui la raza humana tenet qui supervivere. Tenetelo semper praesens.

Una compuerta del gran edificio semiesférico se abrió delante de ellos. Entraron en la antesala hermética de limpieza, y la cámara se inundó de gases. Al cabo de un minuto, se estableció el vacío y se les concedió el acceso. Todo esto formaba parte de la rutina de entrada y salida.

Originariamente, la base en la que se introducían se había creado para analizar, prevenir e incluso modificar el contenido genético de microbios potencialmente peligrosos, como bacterias o virus, de origen tanto planetario como extraterrestre, y aunque seguía cumpliendo esta función, en realidad se había convertido en el refugio de los últimos humanos libres no infectados.

Cuatro virus estaban diezmando la población desde hacía dos meses. De los diez mil millones de personas que conformaban la población mundial el 25 de diciembre de 2066, se había pasado a la mitad en una semana. En dos, tan sólo dos mil quinientos seguían vivos. La progresión continuó y, ante la magnitud de tal desastre, la civilización como tal dejó de existir. De los veintisiete refugios aislados de un posible contagio, sólo el Medium de Studia Naturales Europeum (MSNE) del Círculo Polar Ártico se mantenía incólume. Este era el último bastión de la esperanza.

La inmensa mayoría de los que desembarcaban traía consigo signos claros de la enfermedad: espasmos provocados por insuficiencias cardíacas, palidez en el rostro, pérdida de cabello, erupciones en el cuero cabelludo en forma de corona, debilitamiento e incluso desintegración a nivel celular de la piel, los huesos y músculos, irascibilidad, alteraciones de la conducta.... También se materializaba con falta de apetito, rechazo del organismo al aceite y al vino con fuerte riesgo de muerte si se consumían, y falta de juicio.

Todo esto lo conocían ya los científicos del Medium Ártico, sin embargo, todavía no habían sido capaces de determinar el modo, si es que había uno sólo, de transmisión de los virus, ni mucho menos, de encontrar un antídoto. Es por ello, principalmente, por lo que no podían permitir que posibles portadores entraran en la base. En cuanto a los métodos mortales utilizados para impedirlo, simplemente, no había opción de hacerlo de otra manera; los otros centros habían sido atacados y, finalmente, destruidos por las masas en busca de ayuda. Murieron todos. Otra cuestión, también fundamental, era la escasez de provisiones. A falta de tres días para que se terminaran y, puesto que no se sabía a ciencia cierta si los animales podrían ser portadores, integrar más hombres en el complejo sería un error imperdonable para la supervivencia.

Así lo había pensado el general Robert Idsdo, del Eurocorp (ejército europeo), cuando llegó junto con treinta de sus hombres al cumplirse la segunda semana de la pandemia. Relevó del mando al director científico del Medium alegando status de exceptio y convirtió la base en una coordinación de las armas con la ciencia para protegerse mutuamente. Desde entonces hasta ahora, los militares han tenido que hacer frente a su conciencia cuando tenían que rechazar las oleadas de desgraciados que buscaban en ellos la salvación.

            En este mismo momento, los soldados destinados a la defensa del Medium habían penetrado en él y el coronel Adshiz Tremebant presentaba el informe de la triste actuación de sus armas al general. Tras ello, ordenó al oficial dirigirse al puesto de mando. Al encaminar sus pasos hacia allí, pasó al lado de sus soldados y vio de nuevo esos rostros destrozados que reflejaban la desgracia de vivir esta situación límite. Perdió la vista en el pasillo hasta que una puerta se abrió para recibirlo. En la sala le esperaba Meg Brian, la directora del departamento de astrobiología.

            —¿Quomodo va la investigatio? —le preguntó el coronel Adshiz.

            —Non demasiado bene.

            Tras la última palabra, la puerta se volvió a abrir. Eran el general Robert Idsdo y Napsui Cemas, ex-director del Medium, acompañados por el responsable de programación informática del centro.

            —Ya sumus toti —exclamó el general.

            Los cuatro miraron al coronel Adshiz Tremebant de una forma extraña. Le mantenían la mirada como si, al mismo tiempo de observarle, se estuvieran preparando para darle a conocer una información muy delicada.

—Verá, colonel —dijo al fin, rompiendo el incómodo silencio, el general Robert Idsdo—, el status est criticus. In tres dies tenebimus qui consumire alimenta naturales del exterior, cum el consequens riesgo para nostrae vitas. Non ha habido tempus para maes et timemos qui la extinctio de nostra species sit proxima. Non obstans, exsistit una possibilitas, si bene est certus qui compromissa, de alargar ese momentum.

—Se tractat de probare un antibiotikos o una vacuna?

—Ojalá sit así, vero non, non se tractat de eso —negó Napsui Cemas—. Est practicusmens impossibilis qui in tres dies consequeramur lo qui se tardat sex menses in facere, per lo qui esa idea quietat, al minus in lo qui duret ista conversatio, descartada.

Ne aunque tuviéramos totus el personalis necessarius —puntualizó Meg—, podríamos contrôler ista situación in minus de un annus. La alta capacidad de recombinación de isti quattuor virus est abrumadora, et se replica acumulando mutationes a una velocidad qui jamás había visto.

—¿Entonces?

Non possumus solutionare de ese modus —intervino el general—. Colonel, la unica electio qui tenemus est reducere el numerus de personae in la basis. A exceptio de los septem officialis, qui permanebunt in illa para sua defensio, toti aquellos qui non serviant a la investigatio scientifica debeant esse liberati in el exterior et subsistere de la caza et la recollecta. Per suppositus, se les faciet entrega de sufficiens materialis para supervivere, vero non arma de fuego, previendo un possibilis contagio.

Intendo. Sine embargo, la moralis de los milites est per los suelos et ahora sunt acostumbrados a mattare civiles para supervivere. Illi lo intendunt así et non va a esse nada facilis facereles comprehender qui debent sacrificarese para qui perviveant otros et non illi.

Est tam solum una hypothesis qui los animales possint esse afectatus —intervino Napsui Cemas—. Et aunque se confirmaret, tarde o tempuranus toti nosotros nos veremos obligatus a consumere isti. Per otro latus, si non incontramus la cura, tambene moriremus aequalismens.

—Eso non importat —respondió el general—. Lo qui debemus facere est maximizare nostrae posibilitae.

            —Creo qui la conversatio non ha comenzado per el cauce adecuado —puntualizó la astrobióloga—. Escuche, colonel, est un actus de defensa militaris et non un sacrificium. Desde ayer, tenemus razones fundadas para pensare qui ha sido un ataque premeditado.

—Creía qui había sido un processus naturalis. Hasta ahora habíais dicho qui cada veintisiete anni et medium se producet una pandemia.

Et est correcto —aseguró Meg—. Efectivamens, iste processus est documentado desde 1580, et las fechas, aproximatamens, coinciden. La ultima gran pandemia se produjo in 1918, annus in el qui murieron casi 50 millones de personae a causa de la grippe española. Vero ista vez, tras las ultimae investigationes qui hemos llevado a cabo, hay sufficientes indicios como para pensare in la premeditación. In lugar primarius, la architectura vírica de isti quattuor virus non est normalis. Aunque est compuesta per la unio de dos structurae praesentes in la natura, la helicoidal et la eikosaedra, la primaria de illae monstrat multae anomalías. Su longitudo est multus maior de lo normalis et, per tantus, continet maes cantidad de acidus nucleico, iste est, tenent maior poder para synthetizomai las proteínas et para transmittere los genes. Al mismo tempus, su anchura tambene llama la attentio debido al grosor et cantidad inusual de sus proteínas, las cuales tenent como soporte principalis proteínas características de la grippe, vero las restantes, jamás las había visto et sunt muito complejas. Si a eso le añadimos importantes modificaciones de genes in el cromosoma de los virus, se hace muito diffícilis affirmare qui isti se alteraron in recombinaciones naturales. In su lugar, diría qui sunt la obra de un magister creador de virus de disegno. Sum secura de qui sunt virus transgénicos.

Tambene otro punto apoya ista tessitura —intervino el programador informático—. La semana ante de qui se reconocieran los primarii brotes, estuvieron circulando per la red virus informatiques qui incidieron, sobre totus, in los quattuor media principales de vigilancia de la grippe et los media de contrôle de virus informatiques, muito próximos entre sí unos de otros. London, Atlanta, Melbourne et Tokio se vieron afectados cum maior virulentia qui otros lugares del globus, dificultando cum ille su labor de identificación. Empero, iste non est nada extraneus desde un analysis preliminaris. Solus tras haber concluido qui los virus biológicos han sido creados, podemos stabiliscere una relatio directa et inusual.

Con esto, Nick daba por zanjada su exposición, pero lo que él consideraba tan obvio como para no explayarse más, no había quedado claro para los demás. Era evidente que la relación entre los virus de ambas naturalezas era directa. ¿Por qué decía entonces que los análisis preliminares no podían determinar la relación entre ambos?

—Deberías extenderte maes in la explicación —le apuntilló Meg—. Diles lo mismo qui me expusiste ayer.

Bonus, se puede dicere qui ne los scientifici ne los informaticienes nos extrañamos de la epidemia perqui exsistet un kriterion et un cyclus continuado. Tanto los virus biológicos como los informatiques, muestran características parecidas. Una de illae est la estacionalidad. Est de dominius públicus qui la grippe, base principalis de isti virus modificados a los qui nos enfrentamos, suele vincularse a determinadas épocas del annus, principalismens al otoño et al ivierno, et se propaga facilismens cum las reuniones de las nativitates. Lo qui non totus el mundus know est qui los virus informatiques tambene sunt maes habituales durante istae fechas, ya qui muchos de illi se crean pensando in aprovechar el gran numerus de felicitationes qui se envían durante isti dies, como est el casus. Así post, los virus biológicos coinciden cum sua época habitual, perqui estamos in ivierno et han pasado casi triginta anni desde la ultima pandemia. La aparición de novi virus informatiques tampaucus puede extraneare a necun expertus perqui est el panis de cada dies per esas fechas. De iste modus, nadie podía sospechar absolutamens nada. Per otra parte, geographicamens tambene exsistet una similitudo. La mayoría de las nuevas cepas de grippe pathoggenao nos llegan a Europa y América a través de animales de grange asiatici. Cum los virus informatiques se dat algo parecido. Se extienden de Oriens a Occidens debido a qui, normalismens, los computers se encienden per la maneana, per lo qui los virus se van recibiendo y activando a medida qui comienza la jornada in cada parte del mundus. Tambene sucedió de iste modus in el casus qui nos occupat, como cabía sperare. Non existía necuna anomalia in el processus.

Effectivamens —reafirmó la astrobióloga—. Vero tal vez un ultimus aspectus sit el maes importante para comprehendere el motivus per el qui, hasta ayer, non se podía affirmare sub supuestos verídicos la existencia de un ataque premeditado. Est la capacidad de mutare de los virus, qui inutilizan todas las prevenciones possibilis...

 

(Continúa en La sangre de Dios)

 

 

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