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Capítulo I
En
los fríos vientos de bóreas, bajo la atenta y persistente
mirada de una noche imperturbable, rompe los hielos un navío
de carga para aproximarse a un punto todavía lejano. Cientos
de personas se agolpan en la cubierta creyendo posible la
salvación del holocausto. Se acercan y un nutrido grupo se
amontona en la rampa de desembarco. Muestran desasosiego y
desesperación. Porque sus cuerpos están mutilados y sus
rostros desgarrados, empujados, arrastrados por pisar una
tierra ahora ansiada, no piensan en lo que encuentran de
frente. Los hielos están teñidos de sangre bajo una señal. En
ella se pueden leer las palabras Vetitus pasus,
enmarcadas en un círculo salpicado por coágulos de familias y
razas, de hombres y mujeres de todo el mundo, allí donde la
muerte no establece separaciones. A veinte metros, provistos
de máscaras de protección, están disponiéndose en formación un
contingente armado de militares, muy inferior en número a la
masa apresurada, veloz e irreflexiva.
Pisando
fuerte sobre los hielos, el oficial Adshiz Tremebant da orden
a sus hombres para que se dispongan a abrir fuego. A los
cientos de personas que se aproximan les manda detenerse y
volver atrás. Pero ellos no piensan más que en la salvación.
—¡Apunten! —les ruega a viva voz que no continúen. El avance
lógico no se detiene y el oficial, imposible de acostumbrarse
al durísimo deber que se le ha encomendado, toma la decisión
desde una razón que, a duras penas, puede subyugar a los
sentimientos de repugnancia y dolor. Han hecho caso omiso de
las indicaciones y han cruzado la señal—. ¡Fuego!
Varias
ráfagas se descargan y los seres humanos que acuden a ellas
encuentran una muerte rápida, deshonrosa y solitaria; nadie
pudo despedirse. Los que no han sido alcanzados siguen sin
frenar su ritmo hasta caer postrados por los pinchazos
ardientes. Se hizo el silencio y el oficial ordenó volver a la
base.
—¡Qui
nadi sentit culpa! Est durus,
vero hemos feci lo qui debebamus,
perqui la raza humana tenet qui
supervivere. Tenetelo semper praesens.
Una
compuerta del gran edificio semiesférico se abrió delante de
ellos. Entraron en la antesala hermética de limpieza, y la
cámara se inundó de gases. Al cabo de un minuto, se estableció
el vacío y se les concedió el acceso. Todo esto formaba parte
de la rutina de entrada y salida.
Originariamente, la base en la que se introducían se había
creado para analizar, prevenir e incluso modificar el
contenido genético de microbios potencialmente peligrosos,
como bacterias o virus, de origen tanto planetario como
extraterrestre, y aunque seguía cumpliendo esta función, en
realidad se había convertido en el refugio de los últimos
humanos libres no infectados.
Cuatro
virus estaban diezmando la población desde hacía dos meses. De
los diez mil millones de personas que conformaban la población
mundial el 25 de diciembre de 2066, se había pasado a la mitad
en una semana. En dos, tan sólo dos mil quinientos seguían
vivos. La progresión continuó y, ante la magnitud de tal
desastre, la civilización como tal dejó de existir. De los
veintisiete refugios aislados de un posible contagio, sólo el
Medium de Studia Naturales Europeum (MSNE) del Círculo
Polar Ártico se mantenía incólume. Este era el último bastión
de la esperanza.
La
inmensa mayoría de los que desembarcaban traía consigo signos
claros de la enfermedad: espasmos provocados por
insuficiencias cardíacas, palidez en el rostro, pérdida de
cabello, erupciones en el cuero cabelludo en forma de corona,
debilitamiento e incluso desintegración a nivel celular de la
piel, los huesos y músculos, irascibilidad, alteraciones de la
conducta.... También se materializaba con falta de apetito,
rechazo del organismo al aceite y al vino con fuerte riesgo de
muerte si se consumían, y falta de juicio.
Todo esto
lo conocían ya los científicos del Medium Ártico, sin
embargo, todavía no habían sido capaces de determinar el modo,
si es que había uno sólo, de transmisión de los virus, ni
mucho menos, de encontrar un antídoto. Es por ello,
principalmente, por lo que no podían permitir que posibles
portadores entraran en la base. En cuanto a los métodos
mortales utilizados para impedirlo, simplemente, no había
opción de hacerlo de otra manera; los otros centros habían
sido atacados y, finalmente, destruidos por las masas en busca
de ayuda. Murieron todos. Otra cuestión, también fundamental,
era la escasez de provisiones. A falta de tres días para que
se terminaran y, puesto que no se sabía a ciencia cierta si
los animales podrían ser portadores, integrar más hombres en
el complejo sería un error imperdonable para la supervivencia.
Así lo
había pensado el general Robert Idsdo, del Eurocorp
(ejército europeo), cuando llegó junto con treinta
de sus hombres al cumplirse la segunda semana de la pandemia.
Relevó del mando al director científico del Medium
alegando status de exceptio y convirtió la base en una
coordinación de las armas con la ciencia para protegerse
mutuamente. Desde entonces hasta ahora, los militares han
tenido que hacer frente a su conciencia cuando tenían que
rechazar las oleadas de desgraciados que buscaban en ellos la
salvación.
En este mismo momento, los soldados destinados a
la defensa del Medium habían penetrado en él y el
coronel Adshiz Tremebant presentaba el informe de la triste
actuación de sus armas al general. Tras ello, ordenó al
oficial dirigirse al puesto de mando. Al encaminar sus pasos
hacia allí, pasó al lado de sus soldados y vio de nuevo esos
rostros destrozados que reflejaban la desgracia de vivir esta
situación límite. Perdió la vista en el pasillo hasta que una
puerta se abrió para recibirlo. En la sala le esperaba Meg
Brian, la directora del departamento de astrobiología.
—¿Quomodo va la investigatio? —le
preguntó el coronel Adshiz.
—Non demasiado bene.
Tras la última palabra, la puerta se volvió a
abrir. Eran el general Robert Idsdo y Napsui Cemas,
ex-director del Medium, acompañados por el responsable
de programación informática del centro.
—Ya sumus toti —exclamó el general.
Los cuatro miraron al coronel Adshiz Tremebant de
una forma extraña. Le mantenían la mirada como si, al mismo
tiempo de observarle, se estuvieran preparando para darle a
conocer una información muy delicada.
—Verá,
colonel —dijo al fin, rompiendo el incómodo silencio, el
general Robert Idsdo—, el status est criticus.
In tres dies tenebimus qui
consumire alimenta naturales del
exterior, cum el consequens riesgo para
nostrae vitas. Non ha habido tempus
para maes et timemos qui la
extinctio de nostra species sit
proxima.
Non
obstans, exsistit una possibilitas,
si bene est certus qui
compromissa, de alargar ese momentum.
—Se
tractat de probare un antibiotikos o
una vacuna?
—Ojalá
sit así, vero non, non se tractat
de eso —negó Napsui Cemas—. Est practicusmens
impossibilis qui in tres dies
consequeramur lo qui se tardat sex
menses in facere, per lo qui
esa idea quietat, al minus in lo
qui duret ista conversatio,
descartada.
—Ne
aunque tuviéramos totus el personalis
necessarius —puntualizó Meg—, podríamos contrôler
ista situación in minus de un
annus. La alta capacidad de recombinación
de isti quattuor virus est
abrumadora, et se replica acumulando mutationes
a una velocidad qui jamás había visto.
—¿Entonces?
—Non
possumus solutionare de ese modus
—intervino el general—. Colonel, la unica
electio qui tenemus est reducere
el numerus de personae in la
basis. A exceptio de los septem
officialis, qui permanebunt in
illa para sua defensio, toti aquellos
qui non serviant a la
investigatio scientifica debeant esse
liberati in el exterior et
subsistere de la caza et la recollecta.
Per suppositus, se les faciet entrega
de sufficiens materialis para supervivere,
vero non arma de fuego, previendo un
possibilis contagio.
—Intendo.
Sine embargo, la moralis de los
milites est per los suelos et ahora
sunt acostumbrados a mattare civiles
para supervivere.
Illi
lo intendunt así et non va a
esse nada facilis facereles comprehender
qui debent sacrificarese para qui
perviveant otros et non illi.
—Est
tam solum una hypothesis qui los
animales possint esse afectatus
—intervino Napsui Cemas—. Et aunque se confirmaret,
tarde o tempuranus toti nosotros
nos veremos obligatus a consumere isti.
Per otro latus, si non
incontramus la cura, tambene moriremus
aequalismens.
—Eso
non importat —respondió el general—. Lo qui
debemus facere est maximizare
nostrae posibilitae.
—Creo qui la conversatio non
ha comenzado per el cauce adecuado —puntualizó la
astrobióloga—.
Escuche, colonel, est un actus de
defensa militaris et non un
sacrificium.
Desde
ayer, tenemus razones fundadas para pensare
qui ha sido un ataque premeditado.
—Creía
qui había sido un processus naturalis. Hasta
ahora habíais dicho qui cada veintisiete anni
et medium se producet una pandemia.
—Et
est correcto —aseguró Meg—. Efectivamens,
iste processus est documentado desde 1580,
et las fechas, aproximatamens, coinciden. La
ultima gran pandemia se produjo in
1918, annus in el qui murieron casi 50
millones de personae a causa de
la grippe española. Vero ista vez, tras
las ultimae investigationes qui hemos
llevado a cabo, hay sufficientes indicios como
para pensare in la premeditación. In
lugar primarius, la architectura vírica de
isti quattuor virus non est
normalis. Aunque est compuesta per la
unio de dos structurae praesentes
in la natura, la helicoidal et la
eikosaedra, la primaria de illae
monstrat multae anomalías. Su longitudo
est multus maior de lo normalis
et, per tantus, continet maes
cantidad de acidus nucleico, iste est,
tenent maior poder para synthetizomai las
proteínas et para transmittere los genes. Al
mismo tempus, su anchura tambene llama la
attentio debido al grosor et cantidad inusual de
sus proteínas, las cuales tenent como soporte
principalis proteínas características de la
grippe, vero las restantes, jamás las había visto
et sunt muito complejas. Si a eso
le añadimos importantes modificaciones de genes
in el cromosoma de los virus, se
hace muito diffícilis affirmare qui
isti se alteraron in recombinaciones
naturales. In su lugar, diría qui sunt
la obra de un magister creador de virus
de disegno. Sum secura de qui
sunt virus transgénicos.
—Tambene
otro punto apoya ista tessitura —intervino el
programador informático—. La semana ante de
qui se reconocieran los primarii brotes, estuvieron
circulando per la red virus informatiques
qui incidieron, sobre totus, in los
quattuor media principales de
vigilancia de la grippe et los media
de contrôle de virus
informatiques, muito próximos entre sí unos de
otros. London, Atlanta, Melbourne et Tokio se
vieron afectados cum maior virulentia
qui otros lugares del globus, dificultando cum
ille su labor de identificación. Empero,
iste non est nada extraneus desde
un analysis preliminaris. Solus tras
haber concluido qui los virus biológicos han
sido creados, podemos stabiliscere una relatio
directa et inusual.
Con esto,
Nick daba por zanjada su exposición, pero lo que él
consideraba tan obvio como para no explayarse más, no había
quedado claro para los demás. Era evidente que la relación
entre los virus de ambas naturalezas era directa. ¿Por qué
decía entonces que los análisis preliminares no podían
determinar la relación entre ambos?
—Deberías
extenderte maes in la explicación —le apuntilló
Meg—. Diles lo mismo qui me expusiste ayer.
—Bonus,
se puede dicere qui ne los scientifici
ne los informaticienes nos extrañamos
de la epidemia perqui exsistet un
kriterion et un cyclus continuado. Tanto los
virus biológicos como los informatiques,
muestran características parecidas. Una de illae
est la estacionalidad. Est de dominius
públicus qui la grippe, base
principalis de isti virus modificados
a los qui nos enfrentamos, suele
vincularse a determinadas épocas del annus,
principalismens al otoño et al ivierno,
et se propaga facilismens cum las reuniones
de las nativitates. Lo qui non
totus el mundus know est qui
los virus informatiques tambene sunt
maes habituales durante istae fechas, ya qui
muchos de illi se crean pensando in
aprovechar el gran numerus de felicitationes
qui se envían durante isti dies, como est
el casus. Así post, los virus biológicos
coinciden cum sua época habitual, perqui
estamos in ivierno et han pasado casi
triginta anni desde la ultima pandemia.
La aparición de novi virus
informatiques tampaucus puede extraneare
a necun expertus perqui est el
panis de cada dies per esas
fechas. De iste modus, nadie podía
sospechar absolutamens nada. Per otra parte,
geographicamens tambene exsistet una similitudo. La
mayoría de las nuevas cepas de grippe
pathoggenao nos llegan a Europa y América a
través de animales de grange asiatici. Cum los virus
informatiques se dat algo parecido.
Se extienden de Oriens a Occidens debido a qui,
normalismens, los computers se encienden per
la maneana, per lo qui los virus
se van recibiendo y activando a medida qui
comienza la jornada in cada parte del
mundus. Tambene sucedió de iste modus in el
casus qui nos occupat, como cabía sperare. Non
existía necuna anomalia in el processus.
—Effectivamens
—reafirmó la astrobióloga—. Vero tal vez un ultimus
aspectus sit el maes importante para
comprehendere el motivus per el qui,
hasta ayer, non se podía affirmare sub
supuestos verídicos la existencia de un ataque
premeditado. Est la capacidad de mutare de
los virus, qui inutilizan todas las prevenciones
possibilis...
(Continúa en
La
sangre de Dios)
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