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"El hombre necesita
tener creencias y hay que respetarlas"
El escritor coruñés presenta, a las 19:30 horas, en la UNED el
libro "Balarian", un viaje medieval que comienza en Tierra
Santa, pasa por Roma y termina en Al-Andalus con una reflexión
abierta sobre hasta dónde deben de llegar las religiones.
Miguel Ángel
Villar sale un momento de las páginas para hablar de su nuevo
libro donde se inventa a un personaje, Balarian, que alerta de
lo peligroso de los fanatismos religiosos ahora que parece que
están de moda. Pero nada lejos de la realidad, la Edad Media
puede darnos algunas pistas de que la historia es como una
espiral que se repite y lo que parece nuevo, no lo es y vuelve
a escena como las profecías y el Apocalipsis.
¿Por qué una
novela histórica?
Cursé Historia
en la UNED porque quería tener una base sólida para escribir.
Tenía ganas de contar esta novela porque refleja un momento
muy parecido al de ahora. La profecía del Apocalipsis con el
nacimiento del Anticristo en el año 1000, fue lo que motivó
las cruzadas y que la gente se preparase para el fin de los
tiempos. Como eran los mil años es el enlace porque muchas
sectas piensan en el milenarismo y lo emplazan para el 2000.
¿Qué valores
encarna el personaje de Balarian?
Que hay que ser
tolerantes. El personaje va pasando por Tierra Santa y llega a
Roma para terminar en Al-Andalus donde se da cuenta que la
religión está usada como un medio para conseguir poder. Es
conducido a una prisión donde un médico le cura y conoce a una
chica árabe y todo entronca porque, independientemente de las
creencias, está la gratitud con la gente que te favorece y la
tolerancia.
¿Y cómo están
las cosas?
El mal se asocia
ahora con la Iglesia Católica. Han empezado los Testigos de
Jehová y la religión va subiendo mucho de peso. El modo de
vida de hoy en día tiene mucho que ver, las personas han
perdido los valores y luchar por uno mismo no es rentable.
Y el hombre
necesita tener algo...
Es inevitable.
No soy religioso pero el hombre siempre necesita tener
creencias y hay que respetarlas. Ahora tenemos las
autoterapias y el fenómeno de la emigración donde hace falta
tener una mentalidad abierta.
Por lo que dice, la religión tendrá mucho protagonismo en el
futuro...
Está empezando.
La historia es como una espiral con nexos comunes dentro del
mismo período. Las sectas religiosas se basan en la profecía
del Apocalipsis y los Testigos o la Iglesia de los Últimos
Días llevan una forma de vida como si se tratara del fin del
mundo. Nunca se debe llegar a tales extremos.
¿Balarian es
un personaje inventado?
Sí, es el hilo
conductor para llevar la historia. Es como una película que te
conduce por las distintas escenas y representa un proceso de
cómo la religión lo acaba convirtiendo en un fanático y cómo
él por sus propios medios se da cuenta de las cosas.
Pero el resto
está contextualiado en la historia tal y como ocurrió.
Es un viaje por
la Edad Media, la época está muy contextualizada y los
personajes son históricos: los papas, los maestros del templo
y Ramón Berenguer, que puso las bases del reino de Aragón. Por
eso quien tenga interés en conocer la época tiene una
oportunidad en el libro.
Pero también
escribe ciencia ficción y relatos...
A mí lo que me
gusta es escribir sobre todo. Con la novela histórica puedo
unir mi faceta de investigador y, a la vez, darle rienda
suelta a la imaginación. Aprendo y construyo.
¿Cuál es la
siguiente historia que le pide una novela?
Tengo 35 obras
en bocetos: la civilización de los sumerios, la historia de
Grecia... Desde hace tres años me he metido en casa y, en
cierto sentido, perdí la comunicación porque si estás
escribiendo y te metes en la historia, la estás viviendo. Es
como una relación de amor, si vuelves después de meses no es
lo mismo.
¿Son tiempos
difíciles para los que tienen vocación de escritor?
El mercado está
muy mal. Con el dinero puedes comprarlo casi todo y hoy
cualquiera pueda publicar pagando. Esto es un desastre para
todos menos para las editoriales que lo permiten. El resto
sólo pueden sacar diez libros al año de los 300 manuscritos
que les llegan. En las pequeñas hay un comité de lectura
compuesto por una persona y tiene que cuadrar que lea justo el
tuyo y tengan presupuesto. Las grandes prefieren gastar en
autores consagrados que darle salida a los nuevos.
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